La premisa es sencilla y brillante. Mientras que un motor convencional tiene su rotor interno, en un motor en rueda, el rotor se encuentra en el diámetro exterior, integrándose con el aro de la rueda para impulsarla. El estator se fija a la suspensión. Este diseño permite generar más torque, eliminando la necesidad de reductores de engranajes que se utilizan en motores centrales.
- Simplificación Mecánica: Sin engranajes ni ejes de transmisión, se reduce la fricción y el peso.
- Control Avanzado: En modelos con tracción trasera, como el Renault 5 Turbo 3E, cada rueda trasera puede gestionar su propio torque, permitiendo vectorización y modos de derrape.
- Optimización del Espacio: Al eliminar motores y transmisiones centrales, se libera espacio para baterías o zonas de seguridad, mejorando el diseño y la capacidad del vehículo.
Aunque podrían parecer pesados, estos motores son sorprendentemente ligeros. Un estudio de Lotus Engineering mostró que, a pesar de añadir 15 kg de masa no suspendida por rueda en un Ford Focus, la pérdida en manejo y conducción podía corregirse con ajustes estándar en la suspensión. Además, en vehículos de tracción trasera, conservar la configuración frontal minimiza los efectos en la dirección.
A pesar de sus ventajas, el dominio de los motores en rueda podría tardar en concretarse, ya que los grandes fabricantes han invertido enormemente en plataformas EV con motores centrales. Curiosamente, este concepto no es nuevo; los primeros motores en rueda se usaron en el híbrido Lohner-Porsche en 1901.
Resumen: Los motores en rueda prometen simplicidad y eficiencia, ofreciendo mayor control y optimización de espacio en los vehículos. Aunque enfrentan desafíos, su potencial podría cambiar el diseño automotriz, recordando que la innovación a menudo se basa en ideas reinventadas.