Travis Pastrana, conocido por sus audaces acrobacias, decidió llevar un Chevy Corvette C8 al límite al planear un salto de más de 100 pies. La hazaña fue motivada por su deseo de ver si "volaba bien" después de ganar un Corvette Z06 en una carrera un tanto controvertida.
Aunque las acrobacias de Pastrana pueden parecer imprudentes, siempre prioriza la seguridad. Para este salto, su equipo realizó pruebas exhaustivas con una motocicleta de tierra y un UTV Can-Am para determinar las velocidades óptimas de despegue y aterrizaje.
Antes del salto, se hicieron modificaciones para asegurar un aterrizaje seguro. Incluso si esto significaba que York, el conductor designado, perdería su vuelo, la precaución era esencial.
En su primer intento, York abortó el salto por no sentirse cómodo. En el segundo intento, logró despegar con éxito, pero el aterrizaje fue algo brusco, dañando el radiador y haciendo que se activaran los airbags.
Pastrana utilizó los datos del Corvette para analizar el rendimiento. Aunque el resultado no fue perfecto, demostró que un vehículo de fábrica puede volar. Las restricciones del control de tracción y el impacto en la rampa redujeron la velocidad de despegue, pero el coche aterrizó sin desalinearse.
El salto del Corvette C8, aunque no perfecto, fue una demostración de la capacidad de un vehículo estándar para soportar acrobacias extremas. Pastrana concluyó que con algunas mejoras y ajustes, la experiencia podría ser aún mejor.
Travis Pastrana y su equipo realizaron un impresionante salto de más de 100 pies con un Chevy Corvette C8, demostrando que incluso un vehículo de producción en serie puede "volar". La atención a la seguridad y los ajustes realizados aseguraron un aterrizaje exitoso, destacando la resistencia del automóvil.