Eddie no era solo un jefe de equipo; era un auténtico personaje y un narrador sin igual, capaz de identificar talento, como el de Michael Schumacher, y combinarlo con un humor genuino. Dirigía su equipo como si fuera una banda de rock: carismático y caótico. Su legado sigue vivo en Aston Martin, donde todavía trabajan algunos de sus fieles colaboradores.
Actualmente, la F1 vive un auge sin precedentes, atrayendo a millones de seguidores. Sin embargo, el resplandor del gran dinero y el control de imagen amenazan con enterrar la honestidad por miedo a ofender. Eddie decía lo que pensaba, no lo que era popular, y siempre defendía lo correcto. Un ejemplo de ello fue cuando exigió una disculpa después de que alguien me tratara mal por un malentendido.
Eddie era auténtico, incluso al equivocarse, y eso lo hacía querido. Recordaba que la F1 es más que datos y neumáticos; es gente, pasiones y emociones. Durante las últimas fiestas navideñas, envió un video con su familia, donde él aparecía, al fondo, disfrutando de la música y los momentos compartidos.
A medida que la F1 continúa creciendo, no olvidemos que personajes como Eddie son insustituibles. El espectáculo será más grande, pero un poco menos atrevido sin él. Nunca habrá otro Eddie Jordan, y su ausencia se siente más que nunca en un momento en que el deporte necesita de su tipo de carácter.
Resumen: Eddie Jordan fue un personaje vital en la F1, conocido por su autenticidad y capacidad para descubrir talento. Su estilo franco y personal sigue siendo necesario en un deporte que cada vez está más pulido y controlado por intereses externos.